EL SORDO QUEDA CIEGO
Que vergüenza…llegar a casa con tus amigas del colegio , de señoritas y entre la mampara y la puerta en ese lugar un ”cliente” medio en bolas se viste, con ropa que mi mamá le da de baja a mi papá que ya no pelea por su camisa favorita ni por esos pantalones que guardaba…la Olga hace bañarse al “sordo”…en nuestro baño!…le da muda de ropa y lo hace vestirse en la única entrada de la casa!…Alego pero mi madre dice que no puede ir así mal oliente a la hospedería y menos al médico amigo que lo va a atender gratis pues además de sordo ya poco vé…sigo incensible y mi preocupacion era que dirian mis amiguitas del colegio…aun no caia del todo…tan insensible puede ser uno a los 12 años?…pero el Sordo cada ves mas ciego llega todos los dias a casa…mi mamá lo recibía y le ponía una mano en el hombro…y el reconocía ese gesto…y decía…Sra Olguita! Casi con voz de enamorado…y asi transcurren no se cuantos años…y el sordo está ciego completamente, el oculista amigo no pudo hacer nada…nadie puede hacer nada…solo la mano de mi mamá en su hombro. Para colmo en la hospedrería donde paga unos mangos por dormir tiene que dormir arriba de la ropa para que no le roben…y el sordo y ciego se pone violento, se siente agredido y dispara su bastón para todos lados como un pobre quijote contra molinos imaginarios…Allí empieza mi cuento…un día saliendo del Colegio Azul de las Monjas de María Auxiliadora…av Matta y Santa Rosa…saliamos arregladitas pues algunos chicos y “pololos” venían a buscarnos…Miro a la esquina… y que veo? El Sordo Ciego blandiendo palos pues debe haber creido que quienes lo ayudaban a atravesar la calle le iban a robar…trate de hacerme la que no lo conocía…pero era tanto el escándalo y lo que sufría él que me vestí de Juana de Arco, con armadura, no para que no me pegara sinó para que nadie me reconociera,muerta de vergüenza! La tonta caminé unos pasos y aguantando las miradas “acusadoras” de las chicas de medio pelo del colegio (pues en verdad no era un colegio tan exclusivo y menos en ese barrio) le chanté al Sordo, la mano en el hombro…me dijo un…”Señorita Olga”!! de Socorro y gracias que aún siento y camine a su lado varias cuadras hasta llevarlo a la casa y darle té con pan en la puerta…y ya no me importó lo que pensaran mis amigas ni nadie!…me había recibido de “persona.”
Fuente: Ana María Miranda





